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Esto no ha hecho más que empezar


Sí, esto no ha hecho más que empezar. A pesar de que nuestra JMJ Amigoniana haya terminado y estemos ya de regreso a nuestras casas. Porque ahora es cuando debemos encontrarnos con Jesucristo en nuestros lugares de origen, porque es en ellos donde también debemos ser misericordiosos, como lo es el Padre con nosotros.

El P. Txetxi nos lo ha explicado muy bien en la eucaristía de envío que hemos celebrado en Myslowice, junto con las familias que nos han acogido durante esta semana. Empleando palabras de Francisco, nos ha dicho que debemos levantarnos del sillón, calzarnos las zapatillas, apostar por Cristo e ir a servir a los demás. Txetxi admite que esto nos “complica” la vida, pero también es cierto que será entonces cuando la vivamos en plenitud, porque como nos dijo el papa: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”.

Este ha sido nuestro envío, un envío que nos proyecta hasta el año 2019, cuando el papa nos ha convocado de nuevo en Panamá, y cuando los jóvenes amigonianos también nos reuniremos aprovechando la ocasión, probablemente en Nicaragua.

Los sentimientos y vivencias de una JMJ son indescriptibles y muy difíciles de expresar con palabras. Pero nos deben mover a cambiar actitudes, porque de lo contrario no habrá servido para nada.

Una de estas experiencias que te marcan, por ejemplo, ha sido la acogida que nos han brindado las familias polacas de Myslowice. Con ellas hemos convivido una semana, nos alojaban y nos daban de desayunar y de cenar. El resto del día estábamos fuera de sus casas, participando en las actividades de la JMJ. Se puede decir que les hemos dado más trabajo durante estos días, les hemos ocupado espacio en sus casas, hemos trastornado sus rutinas… Para ellos, al llegar, éramos unos desconocidos, aún así nos abrieron de par en par sus hogares. Una semana después, es decir, hoy, estaban emocionados, al igual que nosotros, con la despedida. Sin duda, los hemos sentido como verdaderos padres y ellos a nosotros, visto lo visto, como verdaderos hijos.

Ahora estamos esperando en el aeropuerto a nuestro vuelo de regreso a España. Con esta crónica terminamos nuestro relato de esta JMJ Amigoniana, que nos llevó durante casi 20 días por tierras valencianas, francesas, alemanas y polacas. Pero, como decíamos… ¡esto no ha hecho más que empezar!

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Campus Misericordiae 

La noche del sábado al domingo la hemos pasado lejos de las familias polacas que nos acogen. Nos hemos ido hasta el llamado Campus Misericordiae, un entorno natural en el que durante unas horas nos hemos alojado los 1,8 millones de jóvenes que, según la organización, participamos en la JMJ.

Llegar hasta aquí no ha sido fácil, una larga caminata bajo un sol de justicia y cargados con mochilas donde llevábamos algo de ropa, el saco de dormir y una esterilla. Aún así, hemos disfrutado del camino porque impresionaba ver cómo los vecinos salían de sus casas a saludarnos, a darnos agua, a ofrecernos algo que comer y a mojarnos con mangueras. Una prueba más de la hospitalidad del pueblo polaco.

En el Campus Misericordiae, ante una marea de jóvenes que llegaba más allá de lo que alcanzaba la vista, el papa Francisco nos ha llamado la atención, nos ha zarandeado para advertirnos de no confundir la felicidad con un sofá. “Creemos que para ser feliz necesitamos un buen sofá que nos ayude a estar cómodos, seguros”. Un sillón mullido “contra todo tipo de dolores y temores, que nos haga quedarnos en casa…. la ‘sofá-felicidad’, es probablemente la parálisis silenciosa que más nos puede arruinar la juventud”, nos ha dicho.

“Jesús es el Señor del riesgo, el Señor del ‘siempre más allá'”. Un camino complicado, porque “para seguir a Jesús hay que tener coraje, valentía, hay que animarse a cambiar el sofá por un par de zapatos que nos ayuden a caminar por caminos nunca soñados, y menos pensados, que abran nuevos horizontes, capaces contagiar la alegría que sale del amor de Dios”

“Andar por los caminos siguiendo la locura de nuestro Dios, que nos enseña a encontrarlo en el hambriento, en el sediento, en el desnudo, en el enfermo, en el amigo caído en desgracia, en el preso, en el emigrante, en el vecino que está solo”, nos ha animado Francisco.

Tras pasar la noche de la mejor manera posible -no deja de ser algo incomodo dormir al aire libre, aunque la experiencia de hacerlo bajo el firmamento lo compensa todo- hemos celebrado la eucaristía final con Francisco.

En ella, nos ha dicho que realmente la JMJ comienza hoy y sigue cuando lleguemos a nuestras casas, porque Cristo quiere encontrarse con nosotros en nuestro día a día. También nos ha alentado a construir un mundo mejor. “Dios cuenta contigo por lo que eres, no por lo que tienes: ante él, nada vale la ropa que llevas o el teléfono móvil que utilizas; no le importa si vas a la moda, le importas tú. A sus ojos, vales, y lo que vales no tiene precio”. “Dios nos ama tal como somos, y no hay pecado, defecto o error, que lo haga cambiar de idea”.

Francisco se ha despedido dándonos la bendición y convocándonos a una nueva JMJ en 2019, esta vez en Panamá. ¿Te vienes?

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Nuestra credibilidad

Hoy viernes, Francisco nos ha dicho que “en la acogida a los marginados, heridos en el cuerpo, y la acogida al pecador, herido en el alma, se juega nuestra credibilidad como cristianos, no en las ideas”.

Así se ha expresado el papa durante el rezo del via crucis en el parque Blonia. Cada estación estaba relacionada con una obra de misericordia. Aludiendo a ellas, Francisco también nos ha dicho a los jóvenes que “sin la misericordia no podemos hacer nada”, y que “estamos llamados a servir a Jesús crucificado en toda persona marginada, a tocar su carne bendita en quien está excluido, tiene hambre o sed, está desnudo, preso, enfermo, desempleado, perseguido, refugiado, emigrante”. “Allí encontramos a nuestro Dios, allí tocamos al Señor”, ha añadido.

“Ante el mal, ante el sufrimiento, ante el pecado, la única respuesta posible para el discípulo de Jesús es el don de sí mismo, incluso de la vida. Es la actitud de servicio. Si uno que se dice cristiano no vive para servir, no sirve para vivir. Con su vida reniega a Jesucristo”, ha concluido el papa.

Previamente, por la mañana habíamos peregrinado al santuario de san Juan Pablo II y de la Divina Misericordia, situado junto al convento donde vivió santa Faustina. En ellos, además de rezar, hemos podido ver las reliquias de estos dos santos, la sotana quevestía el papa polaco cuando sufrió el atentados y el cuadro de Jesús Misericirdioso, con la leyenda “Jesús, confío en Ti”.

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Un rostro joven

El papa Francisco, durante la celebración de bienvenida a la JMJ de Cracovia, nos ha reconocido que la misericordia tiene “un rostro joven”. Además, nos ha animado a que no dejemos que nos roben nuestros sueños, nuestras alegrías, lo mejor de nosotros mismos. “La vida es plena cuando se vive a partir de la misericordia, la parte más dulce, la que nunca nos quitarán”.

Según Francisco, Jesucristo sabe darle pasión a la vida, nos desafía, nos ayuda, nos impulsa a levantar la mirada y a tener grandes sueños; hace que nuestra vida sea plena.

Por eso nos ha aconsejado que abramos nuestro corazón a Él durante esta JMJ, porque “cuando el corazón está abierto hay lugar para la misericordia, para acariciar a aquellos que sufren”. Un corazón misericordioso abandona su comodidad, sale al encuentro del otro y abraza a todos, nos ha dicho Francisco. “Es un refugio para quien nunca lo ha tenido o para quien emigra, es ternura y compasión, es compartir el pan con quien tiene hambre…”.

“Me duele encontrar jóvenes -ha continuado el papa- que parecen jubilados antes de tiempo, que han tirado la toalla sin empezar a jugar. Son jóvenes aburridos y, no se ofendan, que aburren”. “Pasan la vida buscando el vértigo y la adrenalina o por vías oscuras, que terminan pagando muy caro. En definitiva, pierden los años de su vida yendo detrás de vendedores de humo”, ha añadido. Pero esto, nos ha dicho el papa, es algo que nos reta, como cristianos y como testigos de la misericordia de Dios debemos de darles una respuesta.

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Cuando menos te lo esperas 

Cuando no te lo esperas, cuando solo pasabas por ahí, cuando te fías de los demás… aparece, lo sientes, te emocionas. Hablamos de Dios, aunque ayer miércoles con el papa Francisco nos pasó lo mismo. Un grupo vinimos por la tarde desde Myslowice hasta Cracovia, y cuando paseábamos cerca del Castillo de Wawel, una muchedumbre congregada entorno a una calle nos dio la pista, ahí iba a ocurrir algo… por ahí iba a pasar el papa. Y así fue.

Esta fue una de las sorpresas del día, pero una JMJ te da muchas más a lo largo de la jornada. El encuentro con peregrinos también depara anécdotas y experiencias comunes. La excusa de intercambiar unas pulseras, unas chapas o unos botones propicia iniciar una conversación, un encuentro inesperado con alguien de una cultura diferente pero con quien de partida ya tienes algo en común, Cristo.

Y uno de estos encuentros sorprendentes fue con el obispo de Solsona, Xavier Novell, diócesis de la que Luis Amigó fue obispo. Celebramos allí hace dos años el encuentro nacional de Juvam España, se acordaba de los amigonianos y les ha explicado a la veintena de jóvenes de su diócesis quiénes éramos y nuestro carisma.

La mañana del miércoles la habíamos dedicado a una catequesis sobre la misericordia del Padre que nos dio un obispo peruano en Myslowice, ciudad donde una parte del grupo pasó luego la tarde en el festival de la juventud que organizaron allí y confraternizando con otros peregrinos.

Pero mientras ocurría esto, en el estadio de Cracovia, un grupo de hermanas y de religiosos se dedicaban a difundir nuestro carisma en un stand dentro de la feria vocacional. Una buena manera de darse a conocer y un punto de encuentro entre los amigonianos que estamos por aquí, de hecho ayer se acercó hasta allí la delegación peruana.

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La Copa Católica


Hoy tocaba confraternizar con el resto de peregrinos alojados en Myslowice y los jóvenes polacos. Para ello nada mejor que el deporte. 


Hemos celebrado una Copa Católica de fútbol, en la que nuestros dos equipos femeninos amigonianos han llegado a la final. El conjunto masculino se ha quedado segundo. 


Y Sara Medina ha sido elegida como la mejor jugadora del torneo, llevándose de premio un paraguas, que le ha venido muy bien porque esta tarde nos ha llovido. Sí, ya hemos estrenado los chubasqueros de las mochilas. 


Por la tarde hemos tenido un concierto de bienvenida y también hemos paseado por Myslowice. Por cierto, hemos conocido a un obispo de Kazajistán, país de donde han venido ¡104 jóvenes!


La noche en familia, que muchos teníamos hoy barbacoa polaca. ¡Hasta mañana! 

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Sobrecogidos, pero esperanzados


Ayer visitamos Auschwitz y Birkenau, dos campos de concentración y exterminio de la Alemania nazi donde fueron deportadas 1,3 millones de personas, de las que 1,1 millones fueron asesinadas, el 90% judías. 

Estos prisioneros eran transportados hasta aquí en trenes para ganado, y tres de cada cuatro eran llevados nada más llegar a la cámara de gas, donde morían. La gran mayoría, mujeres, niños y hombres que no reunían las condiciones físicas necesarias para trabajar. 


Visitar estas instalaciones te sobrecoge el alma. Tal vez sean el mayor símbolo de la sinrazón y de la barbarie humana. Al recorrer las calles de los pabellones de Auschwitz o ver las ruinas, completamente ennegrecidas, de los crematorios de Birkenau todavía puedes sentir la atmósfera de sufrimiento, horror y desesperación que se vivió en ellas. 


Si estos días habíamos hablado mucho de amor y misericordia, ayer pudimos ver todo el mal que el hombre puede llegar a hacer. Un hombre que se cree capaz de decidir quién merece vivir y quién no. Y un hombre, también, cómplice por su silencio ante la injusticia y la crueldad perpetradas contra otras personas. 


Pero Auschwitz y Birkenau también son un símbolo de memoria y esperanza. Memoria para evitar nuevas barbaries, y esperanza por construir una nueva sociedad realmente humana y fraterna. En nuestra mano queda, es la tarea que nos llevamos de aquí. 


Tras la visita a este lugar concluimos hoy lo que ha sido el intercambio de jóvenes españoles, alemanes y polacos que hemos realizado estos días, con la cofinanciación de la Unión Europea a través del programa Erasmus +. Pero seguimos por aquí, ¡porque ya estamos de lleno en la Jornada Mundial de la Juventud!

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