Somos el ahora de Dios

Ya hemos regresado a Chapala tras vivir la vigilia de oración anoche y la misa de envío con Francisco de esta mañana.

Como sabéis, hemos sido pocos jóvenes amigonianos de España quienes hemos venido a Panamá, pero allí en Torrent, Dos Hermanas y Caldeiro dos decenas de jóvenes de Juvam se han reunido para seguir desde la distancia y en directo estos eventos. ¡Gracias por habernos acompañado, os hemos sentido muy cerca!

En la vigilia, Francisco nos animó a abrazar la vida tal y como se presenta, y nos recordó que, al igual que un árbol talado, siempre se pueden echar retoños y renuevos. Nos habló también del sí de María, verbalizado con el «hágase en mí según tu palabra» que le respondió al ángel.

A ella la calificó como «la influencer de Dios». Y nos animó para que nosotros también lo seamos. Porque, según nos dijo, el Evangelio nos enseña que el mundo «no será mejor porque haya menos personas enfermas, débiles, frágiles o ancianas de quien ocuparse e incluso no porque haya menos pecadores, sino será mejor cuando sean más las personas que estén dispuestas y se animen a gestar el mañana y creer en la fuerza transformadora del amor de Dios».

A la mañana siguiente, en la eucaristía, el papa nos ha reconocido que los jóvenes no somos el futuro de Dios, sino «el ahora». A veces, nos ha dicho, consideramos que todavía no es nuestro momento o que somos demasiados jóvenes para involucrarnos en soñar y trabajar por el mañana. Si bien, no debemos estar en una sala de espera, porque en ese «mientras tanto» nuestros sueños pierden vuelo, comienzan a dormirse y se vuelven «ensoñamientos rastreros, pequeños y tristes».

Al hilo del Evangelio de este domingo, el papa también nos ha dicho que «no siempre creemos que Dios pueda ser tan concreto y cotidiano, tan cercano y real, y menos aún que se haga tan presente y actúe a través de alguien conocido como puede ser un vecino, un amigo, un familiar». Con ello, nos ha advertido de que muchas veces «preferimos un Dios a la distancia: lindo, bueno, generoso, pero distante y que no incomode».

Por último, antes de terminar la eucaristía, Francisco nos ha pedido que no dejemos enfriar lo que hemos vivido durante estos días. Que cuando volvamos a nuestros lugares de origen, parroquias y comunidades, transmitamos esta experiencia a nuestra familia y amigos «para que otros puedan vibrar con esa fuerza e ilusión que ustedes tienen». Y aún ha añadido algo más: «No se olviden de rezar por mí, por favor».

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