Archivo de la etiqueta: Pascua #PJA2016

Siempre se empieza de nuevo

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Sorprendente. Un Espíritu que aletea en la “soledad caótica” creando un todo precioso y bello a la vez; donde habitamos, donde vivimos no en caos sino en cosmos, en una creación ordenada en la cual Dios nos invita a la comunión.

Sorprendente. Un Dios que nos bendice, que derrocha abundantemente su gracia sobre nosotros si nos dejamos <<desposeer>> pues “Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único.”

Sorprendente. Un Ángel que nos acompaña; que nos salva de las manos de los egipcios << El Ángel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel >>. Permanece a nuestro lado, nos invita a cuestionar el rumbo de nuestra vida. ¿Qué quieres Señor de mí?

Sorprendente. Un esposo desposado eternamente. “Dios de toda la tierra”. Esposo que con gran ternura prefiere usar la medicina de la misericordia a empuñar las armas de la severidad.

Sorprendente. Un agua pura que sacia, que se deja encontrar por los sedientos y es gratuita, para todos, sin condiciones. << ¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero, venga también! >>

Sorprendente. Un saber impenetrable, inagotable, incandescente. Un impulso natural que nos atrae hacia Él. << Vuélvete, Jacob, y tómala, camina hacia el resplandor, atraído por su luz >>

Sorprendente. Una palabra de vida. << Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo >> Una palabra que habita en nosotros desde que somos, vivificando siempre nuestra voluntad. Una palabra que no es estéril sino fecunda.

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Sorprendente. Así ha sido la Semana Santa celebrada en la Casa-Colegio Noviciado de Dos Hermanas en Sevilla, la cual ha contado con la participación de 15 miembros de los grupos JUVAM España venidos de Pamplona, Valencia y Madrid. Lo que en el comienzo era un grupo informe se ha ido convirtiendo en un grupo unido, donde la comunión entre todos, hacía de nuestra presencia algo bello y hermoso.

Situación que ha ido profundizándose en la medida que nos hemos dejado abandonar en el Señor, caminando junto a Él en un simbólico Via Crucis de la vida, de la convivencia, del encuentro. Sintiéndonos inundados por la gracia del Señor en la medida que nos vaciábamos de nosotros mismos. ¡No somos estériles! ¡Deja llenar ese vacío!

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Y es que ha sido una PASCUA nueva, especial, sorprendente. Desde la preparación fue una pascua 100% Amigoniana, fusión de las religiosas y los religiosos Terciarios Capuchinos, y si ha salido todo adelante es porque el Señor nos acompaña.

El Jueves Santo aprendimos bien que Jesús no cesa de actualizar la misericordia de Dios en el servicio a los hombres. Un servir que alivia, refresca, sacia el hambre de amor que hay en el mundo, en nuestras relaciones.

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Jesús que es palabra, vida, grano de trigo que muere en la Cruz para ser fecundo, una palabra que vivifica nuestra voluntad y así; contando con el corazón podamos << vivir un deseo inagotable de brindar misericordia >> [EG 24]; como pudimos experimentar el Viernes Santo.

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Y como todos los años un sábado y un domingo de resurrección que nos deja perplejos frente a un misterio insondable; ante el cual con nuestro saber nos situamos con filial reverencia. ¿Cuánto tiempo dedico a escuchar su Palabra? ¿Con qué intensidad vivo mi relación con Dios?

Pues… siempre se empieza de nuevo. Siempre porque Él no deja de estar a nuestro lado; y de nuevo pues sigue sorprendiéndonos cada Semana Santa, cada domingo. Que nuestro hoy sea como siempre, un nuevo encuentro con el amor que nos ama.

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En el nombre del Señor

“- ¿Por qué desatáis al borrico? – El Señor lo necesita”

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Jesús entraba en Jerusalén, la Ciudad Santa, la ciudad del Templo, con la gloria de los hombres y saldrá de ella con la Gloria de Dios. Todos esperaban a las puertas de la ciudad con sus palmas ondeando y vitoreando la entrada de Jesús, Él era famoso, como cualquier Lady Gaga o Auryn y recibió la gloria de los hombres, recibió vítores y gritos que pronto se transformarían en gritos de “¡crucifícalo!”. Cómo dice Luis Amigó la Fama es humo y así es la fama de los hombres que te sube a lo más alto para desvanecerse.

Ahí está la falta de perseverancia del ser humano, tan pronto te firma una petición para salvar refugiados como se pone la bandera de Francia en su perfil, o hace una publicación por la igualdad de derechos; eso sí luego al salir a la calle dirá con sus amigos: “estos inmigrantes nos quitan el trabajo”, “los franceses están siempre tirándonos la fruta en la frontera”, “es que las mujeres son…” o “a los chicos les falta…”. Y así estamos ondeando nuestra palma, diciendo unas cosas y haciendo otras, enfriando cada vez más nuestro corazón.

Jesús lleva toda la Cuaresma interpelándonos “¡CAMBIA! ¡HAY TIEMPO! ¡HAY ESPERZANZA!” pero ese cambio pasa por Él, esa esperanza pasa por Él, ese tiempo es el Suyo. Hoy vivimos en la vida del Yo y del mí y del para mí.

En la época de Jesús los Judíos estaban en búsqueda, sentían que faltaba poco para que viniera el Mesías y por eso le preguntaron a Juan Bautista y él señaló a otro en el tiempo de Dios y en la espera. Los Judíos querían tener un mesías, un salvador, y se conformaban con cualquier cosa y pronto se lanzaban a las calles a vitorear a cualquiera porque era SU decisión, era algo que ellos querían, no algo que viniera de Dios. Pero Isaías nos lo deja claro:

“Mi Señor me ha dado… mi Señor me abrió… el Señor me ayuda… Y yo no me resistí ni me eché atrás…”

Jesús entra en Jerusalén con toda su fuerza, dispuesto a predicar en el Templo lo mismo que había estado predicando en las sinagogas de Galilea y Judea, en las que a veces casi le echan a palos del pueblo, Jesús sabía salir corriendo de los pueblos porque aún no había llegado su hora… Pues en Jerusalén no iba a ser menos, sí curó, curó piernas, lepras, cegueras y corazones pero la curación que viene de Jesús es exigente: “ve y no peques más”, te remueve el corazón. Y claro las gentes de Jerusalén empezaron a molestarse, ellos tenían SU idea de mesías y esto no encajaba en SUS planes.

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Las gentes se sienten traicionadas, se siente solas “¿por qué me has abandonado?” nos dice el salmo. Pero la respuesta es clara, Jesús nos la lleva diciendo toda la Cuaresma: “Pero tú Señor ven corriendo a ayudarme”. Oración, cuando uno se siente alejado, perdido y sumido en SUS cosas… TÚ SEÑOR ven y ayúdame, acercarte más a él. ¿Y cómo? Con la oración.

Pablo en su carta nos da una bofetada de humildad y nos recuerda, que aunque yo esté muy cerca de Dios, no soy Dios, no decido por Él, sino que Él decide por mí, y que tengo que humillarme, tengo que rebajarme, quitar parte de la arena para echar abono. Quitarme algo para mejorar.

Y por último Jesús no nos deja solos, instaura la Eucaristía, con un mensaje claro: ¡sigo aquí! Estoy con vosotros.

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¿Dispuesto a navegar?

<< No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? >>

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Ya está Isaías transportándonos a un mundo de imágenes y sentidos, de alegorías llenas de estilo, de una viveza tal que cuesta tragar sus palabras sin cuestionarse, sin masticar.

Es importante aclarar el contexto, nos encontramos frente al conocido como Déutero-Isaías [cap. 40-55] y a él le toco predicar en tiempo de exilio, en medio del decaimiento y la desesperanza más tenaz. Ahora imagínate a un hombre que clama en medio del monte a un pueblo perdido, que olvida sus raíces día a día, en una época de cambios culturales – políticos y sociales, una época difícil donde lo espiritual pende de un hilo…

¿Te suena ese contexto?

En contraste nos retumban las palabras del profeta << No os acordéis de lo antiguo >> ¿No es un poco contradictorio? Precisamente lo antiguo es lo que nos une, nos da identidad.

El Salmo 125 nos da luz para releer el texto completo, al grito de “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres” y es que la esperanza está proyectada hacia el futuro, sustentada en el saberse amado por Dios. Esto implica una cualidad innata en nosotros, la capacidad de admirarse, dejarse sorprender por la creación, la bondad, los avances científicos, la inmensidad del universo. Y admirados reconocer que todo es DON; es un regalo que no hemos hecho nada por merecerlo, completamente gratuito, desbordante. ¡¡El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres!!

Mirar al pasado nos ayuda a aprender, a conocer nuestra historia, a reconocer nuestra identidad; más de algún modo nos atrapa impidiéndonos avanzar si lo contemplamos con nostalgia. Expresiones típicas como “Ya no hay valores como antes”. “Antes las relaciones eran de otra forma”. “Ser religioso o cura antes era una honra”. “Antes no necesitábamos tanta tecnología”.

Releamos las palabras del profeta, <<No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo >> El Señor nos prepara algo nuevo para HOY para este SIGLO para esta IGLESIA. Y no solo algo novedoso sino algo cualitativamente mejor, más grande. Es más… << ya está brotando, ¿no lo notáis? >> .

  • El primer paso por tanto es dejar de quejarse, lamentarse, llorar, esconderse y lanzarse a la búsqueda inquieta y apasionante de Dios en el mundo de hoy. Como cita el título, ¿Dispuesto a navegar? ¡Pues suelta anclas!

La lectura de la carta a los Filipenses nos hace vibrar con el testimonio de Pablo, quien ha sabido dejar atrás el pasado para entregarse a Cristo. <<Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, hacía el premio, al cual me llama Dios desde arriba en Cristo Jesús. >>

  • El segundo paso es compartirlo. Vivirlo en comunión con otros que anhelan lo mismo que yo. Sentirme familia, Iglesia.

¿Y cómo alcanzo el premio? ¿Cómo ser alcanzado por Cristo?

Dice Jesús en el evangelio de hoy: <<Tampoco yo te condeno>>. Tampoco yo te insulto, tampoco yo te menosprecio, tampoco yo te engaño, tampoco yo te olvido, tampoco yo… pues NO podremos AMAR a la persona que tenemos delante mientras nos creamos superiores, mejores, más dignos, más santos.

  • Y este el tercer y último paso. Cuestionarse. Y dejar que Dios inunde nuestras vidas para ver el mundo y a las personas con otros ojos, con una mirada de misericordia.

Acabemos con una pregunta, para reflexionar durante esta semana… ¿a quién lapido yo directa o indirectamente?CdaqVzWW8AEY-Oh.jpg large

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“Señor, déjala por este año todavía…”

“No te acerques, quítate las sandalias, pues el terreno que pisas es terreno sagrado”

Y es así… nos acercamos a la Pascua, cada vez queda menos. Dios habló a Moisés a través de la zarza ardiente; Dios escuchó, Dios vio la opresión a la que estaba sometido su pueblo, y manda a una persona, a Moisés, a una persona “elegida” por Dios para llevar a cabo una misión. Moisés parece tener dudas de cómo va a poder hacerlo, pero confía y lleva a cabo la titánica misión que Dios le ha encomendado, no por su propia fuerza, sino por la fuerza del Dios que le acompaña, del Dios que es “compasivo y misericordioso”, que cura todos nuestros defectos y es todo clemencia, como nos dice el salmo.

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Ya en el Evangelio, parece que Jesús, como nosotros ahora, y de lo que tanto nos advierte el Papa Francisco, no se libra de cotillas, que les gustaba “cotillear” lo que sucedía por los pueblos de Israel. Y es, en este caso que le comentan a Jesús, un hecho acontecido en aquellos días por orden de Pilato (habían matado a unos galileos mientras ofrecían sus sacrificios, y su sangre se había mezclado con la de los animales sacrificados). Todo un escándalo. Pero Jesús, no entra a juzgar lo ocurrido, Jesús no entra en el juego de acusar o valorar. Jesús sólo les pide que se conviertan (“si no os convertís…”), que dejen de intentar explicar todo, que con Dios hay poca explicación que como hombres podamos encontrar. Como hijos de Dios, sólo tenemos la opción de convertirnos, la opción de dejar de lado nuestros planes, nuestras seguridades y empezar a confiar más en Él, que es “camino, verdad y vida”.

Por si pareciera poco, Jesús no se queda ahí. “Les contó esta parábola”, la de la higuera estéril: una higuera, cuyo dueño llevaba ya tres años yendo a buscar fruto, y “nunca encontró ninguno”. Una higuera plantada en medio de una viña, una higuera cuidada por otro hombre…

Vamos a remarcar algún detalle que puede que se nos haya pasado de largo:

  • Dios es el dueño de la viña; decide plantar allí una higuera (en medio de la viña). Y es que Dios, no nos quiere a todos iguales, nos quiere a cada uno con nuestra manera de ser, con nuestras virtudes, con nuestros talentos y, también, con nuestros defectos. Dios nos ama como somos, también ama nuestras faltas. Dios no quiere los mismos frutos de cada uno… Dios quiere un fruto distinto de cada uno de nosotros. No todos valemos para lo mismo y no todos tenemos que dar lo mismo que da mi vecino… Y es que, hay veces que intentamos parecernos a otras personas que hacen muy bien las cosas, pero nos olvidamos que yo tengo una misión concreta para la que Dios me ha dado una serie de “talentos” concretos. Hemos de vivir auténticamente siendo nosotros mismos. No olvidemos que Dios iba en cada ocasión a buscar higos en la higuera… No buscaba uvas o peras… Y me surge la pregunta: ¿Doy fruto? El fruto que doy ¿Es el que me sale a mí, o el que intento copiar al de al lado?

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  • Otro aspecto: Dios es el dueño de la viña, pero, ¿quién es el cuidador? Podríamos interpretar que Jesús es el que la cuida, o que es la Iglesia (nosotros). Y es que, es Jesús el que, por mediaciones o directamente, va actuando en cada uno de nosotros, va “abonándonos”, mediante su Palabra y ejemplo, para que demos fruto, y nuestro fruto sea abundante. Es Jesús el que vino al mundo para que, en vez de cortarnos de una vez, tuviéramos una oportunidad para dar fruto. ¿Qué abono estoy utilizando esta Cuaresma? ¿La oración, la limosna, el ayuno, la misericordia…?
  • Para dar fruto, el cuidador de la viña, como ya hemos dicho, tiene que echar abono, pero también tiene que “cavar la tierra a su alrededor” primero. Pues es evidente que, para que entre algo nuevo, primero tenemos que vaciar un poco de lo que había antes. Para que en nuestro corazón se haga eco la voz del Señor, primero tengo que dejarle hueco, pues todos sabemos que sólo hay eco en lugares espaciosos y despejados. ¿De qué me tengo que desprender en esta Cuaresma para hacerle sitio a Jesús?

Esta Cuaresma ha de ser un camino de conversión, un camino para darnos cuenta que Jesús no nos pide nada más extraordinario y sencillo que ser nosotros mismos… Y para esto, nos hace falta escucharle a Él, pues sólo el Amo de la viña sabe qué tipo de fruto quiere de nosotros.

LA PODA DE DIOS

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