Valientes, humanas y con Espíritu de Dios

Erik y Carlos con la hermana Pilar


La hermana Pilar Romero nos dice que las personas valientes, humanas y con Espíritu de Dios “van a cualquier sitio”. Y tiene razón. De lo contrario, cuesta entender que Luis Amigó se aventurara con tan solo 30 años a fundar una congregación religiosa, o que las 14 primeras terciarias capuchinas se ofrecieran a cuidar enfermos de cólera que eran desahuciados por sus familias al tratarse de una enfermedad muy contagiosa. Más ejemplos: la apertura de un orfanato en Massamagrell, sin casi medios ni personal, para atender a los niños huérfanos por el cólera, o marcharse “para siempre” como misioneras a China en los años veinte del siglo pasado.

Con la hermana Pilar en el antiguo refectorio de Montiel


Eran personas movidas por la compasión, que se estremecían al ver las necesidades de los demás y a las que, por lo tanto, nada se les ponía por delante. Son historias de vida, de compromiso y de fe que aún te calan aún más hondo si te las cuentan en el antiguo refectorio de las hermanas Terciarias Capuchinas en Montiel, el santuario donde fueron fundadas por Luis Amigó en 1885. Una delicia. De hecho, fuimos varios quienes bajamos de la montaña de Montiel conmovidos después de haber pasado en ella la mañana del sábado. 


Pero el día aún nos tenía guardadas más sorpresas. La visita al convento capuchino de La Magdalena, en Massamagrell, donde Luis Amigó fue guardián, escribió las constituciones de sus dos congregaciones y fundó a los Religiosos Amigonianos. Un lugar que rezuma espíritu franciscano, sobre todo si se entra en la pequeñísima habitación (celda) que ocupó el P. Luis. 


Y aún había más, visita a la parroquia de Massamagrell, renovación de las promesas bautismales ante la pila en la que fue bautizado nuestro padre fundador y una oración en el sepulcro de Luis Amigó. “No me lo puedo creer, estoy aquí” decía una joven nicaragüense. 

Bretna observa una sotana de Luis Amigó


Eucaristía en la capilla de las hermanas, con una llamada a servir a los más humildes y débiles; y visita al museo de Luis Amigó en Godella y a la habitación donde pasó los últimos días. Una jornada intensa la del sábado, pero que sin duda ha merecido la pena. 

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