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«… y el Espíritu llevó a Jesús al desierto» (Lc 4, 1-13)


¿Cuántas veces nos gustaría salir de nuestra vida atareada y estresada e ir a una isla solitaria, a una playa preciosa, a un refugio en la montaña sin ninguna obligación? Mucha gente hoy día siente ese impulso. Y de hecho, a pesar de la crisis, mucha gente sale de su núcleo urbano los fines de semana y en verano para eso: no hacer nada, descansar, respirar otros aires. Otros buscan la salida del ruido en el yoga, en el mindfullness, en el gimnasio…

Jesús también sintió el impulso de salir. Fue el mismo Espíritu (con mayúscula) quien le llevó al desierto, a la soledad, a no escuchar ni ver a nadie. ¿Para qué? Si entonces no había estrés, ni examenes, ni redes sociales. Se fué para poder concentrarse con lo esencial, a descubrir lo que Dios le inspiraba en su corazón. No es fácil vivir la soledad y el silencio, sobre todo si son 40 días. No estamos acostumbrados. Creemos que perdemos el tiempo, pero no es así.

Quizá tenemos algo de miedo ante el silencio, porque nos puedan surgir preguntas incómodas. A Jesús también le resultó costoso. En el silencio se encontró con el diablo, dice el evangelio, que le quiso desviar de su camino de entrega y amor a los hombres. Entonces Él encontró fuerza en el Espíritu y en la palabra de Dios.

Propuesta:

Te invito a que en esta semana te busques un hueco de 15 minutos (o más …) para el silencio. Puede ser en tu habitación antes de acostarte, en el parque, en una iglesia o capilla, y que recites con calma esa oración al Espíritu Santo. Escucha atentamente lo que lees e intenta entender qué te quieren decir estas palabras. ¿Qué frase te gusta? ¿Qué te dice, a qué te inspira …? ¿Qué es para ti ese Espíritu divino? ¿Te sale una idea que te gustaría ponerla en práctica?

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre, don, en tus dones espléndidos. Fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma al espíritu indómito, guía el que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.

twitter-1024x1024  #PJA2016 @Juvamesp

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